Plaza verde

Hoy, 30 de diciembre del 2020, se aprobó la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Hoy, 30 de diciembre del 2020, llegando al fin de un año que nos pateó a todos, el Senado dio el sí que debía del 2018. Hoy, 30 de diciembre del 2020, llegando al fin de un año terriblemente oscuro, podemos levantar un poco la cabeza y sonreír. Hoy, 30 de diciembre del 2020, decimos: es ley. 

El debate en Senadores empezó el 29 a las cuatro de la tarde. La marea verde llegó a su lado de la plaza más temprano y no paró de llegar hasta entrada la noche. Frente a la fachada del Congreso, el escenario de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, que desde el 2005 se preparaba para este día, organizó la jornada intercalando en las pantallas el debate en el recinto con recordatorios de tomar agua, ponerse protector, cuidar las pertenencias y usar barbijo, música en vivo (una de las invitadas fue Lucy Patané) y el agite que caracteriza todas las manifestaciones verdes. También subieron al escenario, hacia el final de la jornada, actrices argentinas y los y las diputadas que votaron a favor de la ley el pasado 11 de diciembre.

¿Qué es la plaza verde? Tambores, murga, ronda, latas de cerveza abolladas, glitter, banderas, carpas, mantas, comida vegana, paty, choripán, vino, artesanías, remeras, totebags, colas para ir al baño en bares de dueños benevolentes. La plaza verde es un grito chiquito que se hace eco instantáneamente. Pero por sobre todo, la plaza verde es el encuentro de toda la gente que pujó la ley.

Paloma y Luciana tienen 18 y 19 años. Van al Colegio Carlos Pellegrini. Cuando me acerqué a hablar con ellas, a eso de las ocho de la noche, estaban mirando en el celular la actualización del poroteo. Empezaron a militar por el aborto legal cuando se trató por primera vez la ley en el Congreso, en 2018, con el colegio. 

-¿Por qué vinieron hoy? 

Paloma: Porque es importante hacer presión. Más allá de que los partidos se decidan por sus propias convicciones y por lo que piense el resto del partido, se basan muchísimo en lo que piensa la opinión publica. Es muy importante que haya mucha gente, que sea bien masivo para meter mucha presión y para que cambien de opinión sobre todo los indecisos.

-¿Qué creen que cambió entre el 2018 y ahora? 

Luciana: Cambio muchísimo la cabeza de la gente por cómo va evolucionando la sociedad en general, sobre todo porque cada vez somos más. La conversación está más fuerte que nunca. El senado cambio también. No está toda la misma gente que estaba en el 2018, algunos dinosaurios se fueron y entró gente con la mente más abierta, dispuesta a escuchar. 

A una cuadra de Paloma y Luciana estaban Leticia (38) y su hija Charo. No planeaban quedarse a la vigilia, pero no querían faltar. Para Leticia no había realmente mucho que decir: “Estamos acá para apoyar algo sobre lo que nos parece que ya se dijo todo, ya lo dijimos mil veces, no hay mucho más que sumar a esto”.

-¿Cuándo te interiorizaste en la causa?
-Como soy una persona grande tuve como todo un cambio a lo largo de mi vida. En mi adolescencia no era como ahora. No era una causa de la que se hablara, era algo como bastante callado, que me generaba muchas dudas. En la juventud me empecé a plantear el asunto y ya desde hace varios años cuando el movimiento feminista empezaba a abrir la cabeza con respecto a esto es que tomamos cada vez más bandera.

Su embarazo fue un punto de inflexión: “con una amiga empezamos a conectar con el asunto del embarazo, la maternidad, el deseo, y por lo tanto también en la posibilidad del no deseo y del aborto”.

-¿Qué pensás que cambió entre el 2018 y ahora?
-Me parece que no hay muchos cambios. La sociedad ya esta bastante convencida. Es una decisión política que tienen que tomar. Nada más.

Daniel, el amigo de un amigo, también me contó su historia mientras mirábamos el debate la pantalla de Rodríguez Peña. Tiene 24 años y hasta los 18 era celeste. Tuvo en su infancia y adolescencia una educación híper católica. “Me mostraban videos de cómo supuestamente se realizaban abortos, de fetos triturados, pero nadie me mostró el testimonio de una mujer que hubiera abortado”, recordaba. Su punto de inflexión fue el paso CBC de Abogacía: “Empecé a analizar la cuestión desde un punto de vista ético y filosófico y descubrí que había una ética y una moral fuera de lo que era Dios”. Además, tiempo después encontró historias sobre abortos inseguros en su propia familia: “El primer testimonio que tuve fue el de mi abuela, quien se realizó abortos clandestinos siempre que su marido no se los impedía. Ella fue obligada a tener hijos. Ninguna persona gestante debería pasar por eso.”

Jesica tiene 48 años y ayer estaba vendiendo sus artesanías en Avenida de Mayo. A las once de la noche la avenida no estaba muy concurrida, pero todas las personas que pasaban paraban a mirar. Al principio no quería hablar, decía que mucho no tenía para decir, pero después se atajó: “No es que yo no sea militante, sí milito pero por la libre decisión de cada uno. De hacer lo que quiera. No por el verde ni por el celeste. Cada uno que elija. La mujer que elija con su cuerpo lo que quiera hacer. Conozco gente muy cercana y es una situación muy dolorosa. Se que no es tan fácil decidir tampoco. Pero por lo menos estar libre de decidir. Yo decidí tener una nena, pero conozco chicas que por ahí no. Y pobras no pueden decidir nada. Por eso vengo. Amén soy artesana, y bueno” 

-¿Hace cuántos años sos artesana?
-Ocho, diez años. Empezamos con unos monederitos. Siempre cosas recicladas y a la gente le gusta, además es temático lo que hago y vine por eso en realidad. Pero después me gusta ver que las chicas son más libres. Me gusta ver que las chicas son libres. Si quieren depilarse se depilan, si quieren ponerse una bikini aunque no tengan el cuerpo perfecto se la ponen, si quieren cantar cantan. Mi generación es más lo que dice el otro, qué se yo.

-¿Qué pensás que cambió entre el 2018 y ahora?
-Más gente había en el 2018, pero por todo lo que pasa. La gente grande no puede venir. Mi mamá no puede venir. A ella (la señora que está al lado) es su trabajo y yo la re cuido, me muevo yo con la gente que soy mas joven, pero en realidad eso. Mucha gente quiere venir, joven, pero tiene papás grandes y tienen miedo y por eso no están acá.

-¿Te acordás de alguna anécdota de ese año? Buena o mala.
-Buena. Creo que fue la segunda vez que vine. Llovió a cántaros. Yo tenía unos pañuelos, los últimos, estaba empapada, tenía una campera, porque era invierno. Y llovía y la gente compraba igual los pañuelos chorreando, nisiquiera estaban húmedos, estaban chorreando. Me los sacaban de las manos, estaban empapadas todas. Estos días no estoy vendiendo tantos pañuelos. Era el comienzo, ahora todo el mundo tiene su pañuelo. Ahora no es tan importante el pañuelo en sí. Es otra cosa.

¡Qué lejano parece el 2018 ahora! Cuántas cosas pasaron. Cuántos jueves verdes, martes verdes, cuántas tendencias en twitter, cuántos hashtags. La madrugada del 9 de agosto nos encontraba heladas, empapadas, derrotadas. Con pilotines, nylons y paraguas. Una al lado de la otra, sin distancia social ni barbijos, llorando y sonándonos los mocos. Bailando y cantando igual, incluso cuando ya se sabía el resultado. Porque ya se corría el grito de acá no se rinde nadie. Y nadie se rindió.

¿Qué pasará con el pañuelo? ¿Los seguiremos usando? Lo más probable es que sí. Como dijeron las organizadoras de la Campaña mientras la gente desconcentraba, esto no termina acá. El 1 de enero empieza otra lucha: ocuparse de que la IVE se implemente de verdad. Como con la ley de Educación Sexual Integral, que se sancionó en el 2006 y es aún ignorada por muchas instituciones educativas. La lucha no termina, pero nos merecemos un pequeño descanso.

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Postal del día en que fue ley
Foto: Fran Argerich

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